El enjuague bucal es una disolución que se emplea para mantener una correcta higiene bucal. Dependiendo de la edad que tengas, es muy probable que recuerdes cuando, en tus años de colegio, lo usabas una vez a la semana junto con toda la clase.

¿Qué contiene un enjuague?

Por lo general, es una solución creada para la higiene dental a partir de la mezcla de alcohol y agua, variando la concentración de este entre un 4 % y un 16 %. Una vez obtenida esta mezcla homogénea, se le añaden los principios activos, que serán los que conseguirán la acción.

El más habitual es el flúor; de hecho, muchas veces al enjuague se le llama directamente flúor. Este tiene una eficacia probada anticaries, pero no es el único elemento. Se pueden utilizar muchos otros como son la clorhexidina para conseguir un efecto antiséptico o el mentol para proporcionar un buen aroma y una sensación de frescor tras su uso.

Existen muchos tipos distintos de colutorios, cada uno adecuado a las diferentes necesidades y patologías. Por ejemplo, si tienes halitosis emplearás uno, mientras que si se trata de niños pequeños nos centraremos en aquellos con flúor, que eviten la aparición de las caries y que contribuyan a la calcificación de los dientes. Incluso, se ha iniciado el desarrollo de enjuagues que permitan luchar contra las neoplasias de la cavidad bucal.

Lo ideal, por tanto, es que lo emplees después del cepillado para favorecer la eliminación de cualquier bacteria o microrganismo que pudiera haber quedado rezagado. Es importante que no lo diluyas en agua para evitar perder parte de su efecto.

¿Por qué es importante su uso?

Si bien el cepillado es fundamental para conseguir una correcta higiene dental, el uso del colutorio no se queda atrás. Está demostrado que con el cepillo hay ciertas zonas a las que no se llega, ya sea por la propia anatomía o por malformaciones.

Es por ello que, mediante el empleo de un líquido, sí conseguirás erradicar, según diferentes estudios, hasta el 97 % de las bacterias no benignas. Esto es debido a las cualidades inherentes al líquido, que tiende a ocupar todo el volumen, además de las características antisépticas y bactericidas.

Probablemente, tu dentista te haya recomendado que lo utilices tras cada visita y, si no le hiciste caso en su momento, ¡deberías!, ya que no solo es beneficioso para una correcta higiene bucal, sino que también te ayudará a:

– Mantener un aliento fresco y sin halitosis, principalmente gracias al mentol.

– Complementar y potenciar un blanqueamiento dental: tras un blanqueamiento dental es básico evitar ciertas sustancias con colorantes que podrían dañar el color de tu esmalte. Por eso, es importante protegerlas. Así mismo, al mejorar la limpieza ayuda a mantener un color adecuado.

– Tras una endodoncia, es decir, tras la extracción de la pulpa dental, y su ulterior relleno y sellado, es necesario para prolongar la ausencia de bacterias en la zona. Si llegara a infectarse podría suponer la pérdida de la pieza dental.

– Cuidado de la lengua: pese a que algunos cepillos incluyen en su parte posterior unas crestas para limpiar la lengua, esto no es muy efectivo dada la morfología de la misma, por lo que el enjuagatorio funcionará mejor.

– Ayuda a combatir la acumulación de sarro.

En consecuencia, el enjuague bucal supone una herramienta fundamental a la hora de conseguir la mejor limpieza para tu boca, manteniéndola fresca y sana a partes iguales. Como ves, es el compañero ideal del cepillado y del hilo dental, formando el trío perfecto de la limpieza dental.

Además, al ser su utilización sencilla y no tener ninguna contraindicación grave, su uso es seguro, incluso para los pequeños de la casa, que cuentan con colutorios específicos.