El origen de la higiene bucodental se remonta a épocas muy antiguas, tan antiguas como el hombre primitivo.

Un poco de la historia del dentista

En el antiguo Egipto ya utilizaban una crema dental fabricada con pezuñas de buey, sal, pimienta, mirra, cáscara de huevo quemada, agua y piedra pómez. Y mejoraban el sabor de estas cremas con menta o flores. ¿Te imaginas cepillarte con los dedos? Así lo hacían hasta que incorporaron unas ramas con las puntas en forma de cerdas.

Los griegos en la antigüedad prevenían las caries y se preocupaban por su blanqueamiento dental mediante enjuagues con orina. En la antigua Roma se limpiaban los dientes con una tela empapada en sal, vinagre, miel y cristal machacado.

El cepillo tal y como lo conocemos hoy día tiene su origen en China, en el siglo XV. Para fabricarlos utilizaban cerdas de jabalí insertadas en mangos de bambú o hueso. Los europeos utilizábamos pelo de caballo.

Desde el siglo XVIII puedes cepillarte con pasta de dientes, ya que se comenzó a producir de forma industrial en Inglaterra en esta época. Se envasaba en recipientes cerámicos en dos formatos: polvo o pasta.

Durante el siglo XIX, Louis Pasteur confirmó la sospecha de que la humedad del pelo de los cepillos acumulaba y provocaba la proliferación de bacterias y hongos. Y sus pacientes enfermaban por ello. Así que se le ocurrió esterilizar los cepillos, con el inconveniente de que perdían firmeza y, por tanto, eficacia.

Pero en los años 30 del siglo pasado conocimos los primeros cepillos de nylon y plástico. Se popularizaron gracias a que eran más asequibles.

Tras la segunda Guerra Mundial, los detergentes sintéticos sustituyeron al jabón que se utilizaba en las pastas dentífricas y a finales de los años 60 se incorporó el flúor.

Mitos de la higiene bucodental

Una encía sana no debe sangrar; cuando sangra es un síntoma evidente de inflamación y enfermedad. Si sangra cualquier parte de tu cuerpo te alarmas, pero cuando son las encías no prestamos atención.

Es necesario acudir periódicamente a tu dentista, ya que no basta con creerte sano. Existen enfermedades, como la periodontitis, que no producen ningún tipo de dolor. Si eres fumador has de prestar mucha más atención ya que tienes el triple de posibilidades de sufrir esa enfermedad.

Para tener una higiene correcta es más importante la técnica que utilices que la cantidad de espuma que produzca tu dentífrico.

El uso de colutorio es efectivo para acompañar un buen cepillado, pero nunca como sustituto. Que tenga un gran porcentaje de alcohol no es síntoma de que sea mejor enjuague, sino que puede resecar los tejidos de la cavidad bucal.

Los problemas digestivos no intervienen en el 90 % de los casos de halitosis o mal aliento. El problema se debe a un mal cepillado y descomposición de los restos de comida en la boca.

Las bacterias de nuestra cavidad bucal se alimentan y producen compuestos sulfurados que son los responsables del mal olor. La lengua también hay que limpiarla para evitar este mal olor.

Si comes alimentos como frutas o verduras crujientes o cuando masticas chicle se produce una pequeña autolimpieza. En estos casos, nuestras glándulas elaboran una mayor cantidad de saliva que facilita un arrastre de los restos.

Masticar chicle contribuye a la eliminación de la placa y duplica la cantidad de saliva, lo que aumenta el pH, neutraliza los ácidos y favorece la mineralización del esmalte dental. Pero no es recomendable que lo conviertas en sustituto de una higiene adecuada de tu boca.

Recuerda siempre que una higiene bucodental adecuada repercute en tu salud. Así, las visitas a tu clínica dental serán más para un tratamiento sencillo que para un empaste, endodoncia u otro tratamiento.